Las logias son instituciones difíciles de definir en tanto y en cuanto su existencia no es reconocida públicamente y en muchos casos ni siquiera son conocidas por personas que no forman parte de ellas. En todos los casos, las logias están compuestas por miembros que han solicitado formar parte de las prácticas de la logia y que han debido pasar por rituales de iniciación que tienen como principal objetivo demostrar la lealtad a la logia y a la orden en cuestión, así como también la comprensión del espíritu particular de la misma.
Como ya se sabe, la Logia es el Taller, el Templo, el Santuario, el Logos, el Universo, en definitiva, es el centro de todo nuestro quehacer masónico, es el sitio sagrado que inicia a los profanos y eleva a los iniciados según sus virtudes y méritos.
Las Logias cumpliendo su más sagrado y sublime deber, se han convertido en el baluarte inaccesible contra la infamia, traición y egoísmo, que aun dominan en algunos pueblos de la tierra, misión que empuja a los masones hacer el sacrificio de combatir la ignorancia, el dogmatismo, la pobreza, etc. Hasta vencer en aras del grandioso deber de hacer del hombre el principal motivo de nuestra existencia.
La logia Luz del Austro No. 18 si bien es un taller como muchos, tiene una historia interesante y que obliga a sus miembros a meditar sobre la importancia de nuestro querido taller, el cual ha sido parte de la historia de la masonería ecuatoriana y en específico de la ciudad. Así, un breve resumen de la historia de nuestra logia se describe a continuación:
En el mes de noviembre de 1967, con el auspicio de la Gran Logia del Ecuador y bajo el mallete del Gran Maestro Carlos Reinoso Viteri, se creó en la ciudad de Cuenca el Triángulo Masónico Luz del Austro, constituido por los queridos hermanos Galo Flor Pinto, presidente; José Flores Abad, secretario; Vadim Camby, tesorero; y, los hermanos Claudio Arias Argudo, Alberto B. Ritter, Rubén Astudillo Astudillo, Hernando Moreno y René Carrasco.
El 5 de agosto de 1979, cuando el Triángulo había crecido suficientemente, la Gran Logia del Ecuador decreta el levantamiento de columnas de la logia “Luz del Austro” no. 18; los 22 Hermanos de este Taller anhelaban la total independencia creando una Gran Logia Soberana en el austro ecuatoriano, por lo que devolvieron la Carta Constitutiva y la Logia se disolvió el 1 de diciembre de 1980.
Luego de muchos años, el 26 de abril de 2021, los Hermanos Miguel Alberto Dávila Sacoto, Álex Daniel Mora Arciniegas, David Alejandro Puga Bermúdez, Luigi Pierino Ronchi Salamea, Pierluigi Carlo Ronchi Salamea, Edwin Xavier Vázquez Domínguez; y, Paúl Andrés Vázquez Ochoa, solicitan levantar la logia Luz del Austro No.18, por lo que el 7 de mayo de 2021, mediante decreto 123-2021-HGVYC, el Gran Maestro Héctor Vanegas y Cortázar, autoriza y reconoce el levantamiento de la logia dormida.
Hablar sobre la historia de una logia no es únicamente hablar sobre el levantamiento de columnas o la institución de la logia en sí, es más trascendental, es hablar sobre la historia de los hermanos que trabajaron fervorosamente en ella, de los aprendices, compañeros y maestros que labraron su piedra y recibieron su justo salario en las columnas que se yerguen orgullosamente en el taller, es hablar de un ente vivo que perdura en el tiempo… más allá de actos es contar la historia de un lugar sagrado donde el tiempo y el espacio se detienen para permitirnos trabajar en nuestro ser.
Si bien nuestro taller tuvo un corto actuar antes de su reactivación, y las historias y vivencias de los hermanos que nos precedieron nos es vagamente conocida, la historia de la Logia Luz del Austro indica la importancia que tuvo en el forjamiento de la historia de la masonería de la ciudad de Cuenca, lo cual colocó sobre nuestros hombros la enorme responsabilidad de mantener en alto su nombre como un taller que marca la senda de grandes inicios, de grandes cambios… de la masonería como la conocemos.
Hemos atravesado caminos complicados, este taller ha sido forjado con el esfuerzo, tesón y compromiso de todos y cada uno de los Hermanos que se han presentado, cada uno con su historia, su carácter, su formación que proviene de otros talleres, lo cual ha sido una fortaleza. Hemos caminado de la mano, cada día más comprometidos, con la voluntad para trabajar y hacer de nuestro taller un ejemplo de fraternidad.
Han transcurrido 5 años desde que el sueño de la Luz del Austro se hizo realidad para un grupo de hermanos que querían vivir una masonería pura, diferente, alejada de intereses personales y grupales, simplemente con el deseo de ser y formar hombres de bien.
